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sábado, 25 de diciembre de 2010

JESÚS REGALO DE DIOS

NAVIDAD es la conmemoración del acto de Amor más grande y sublime jamás igualado por ser alguno en la tierra. El Dios del universo, el Creador de todo lo creado, el Todopoderoso Dios, dejó su trono de gloria y se humilló tomando cuerpo de hombre para salvarnos de la condenación eterna.

No vino a la tierra como un rey entre sus súbditos, vino como una criatura salida de un vientre humano como tú y como yo; no nació en cuna de oro ni lo vistieron de seda, hilo fino o encajes, sino en un pesebre de paja rodeado de animales y cubierto de pañales. Y, ¿sabes qué? No fueron los periódicos los que anunciaron su llegada; un coro de ángeles bajados del mismo cielo con sus voces en la más perfecta armonía proclamaban al mundo la llegada del Mesías.

"¡Gloria Dios en las alturas, y en la tierra Paz, buena voluntad para con los hombres! " Lucas 2:14

No fueron los gobernantes y dignatarios los primeros en conocer de la noticia, sino pastores de ovejas, gente humilde, sencilla y común, pero muy celosos de su rebaño. No se vanagloriaron por haber sido escogidos como los primeros en enterarse de la buena nueva, sino que comenzaron a glorificar y alabar a Dios por todo lo que habían visto y oído.

La gloria del Señor los rodeó de resplandor al conocer la Gran Noticia que produciría tremendo Gozo: "Ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor." Lucas 2:10-11. ¡Esto es NAVIDAD!

La alegría de la Navidad surge de creer que nuestros pecados fueron perdonados por Dios a través de Jesucristo, la ofrenda de Amor más valiosa jamás dada a la humanidad, sin merecerla.

El ser humano busca gozarse en aquello que ni un ápice se asemeja al gozo que se experimenta cuando recibimos la noticia de la salvación y ésta se vuelve realidad en nuestras vidas. Es ese el verdadero Gozo, un gozo inefable... No podemos expresar con palabras lo que se siente al recibir en nuestro corazón a Jesús, el Salvador, el Admirable Amor de los Amores, el Príncipe de Paz...

Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Luc.2:6-7

Jesús, no solamente se humilló al despojarse a sí mismo de su forma de Dios y hacerse semejante a los hombres sino que, la manera en que llegó al mundo es una de las lecciones de humildad que ser humano alguno jamás podrá pasar por alto.

¿Quién no ha visitado un zoológico, o estado en una finca donde hay animales? ¿Cuántas veces se tiene que recurrir a taparse la nariz porque el olor en ese ambiente se hace, en ocasiones, insoportable? No es mucho el tiempo que se puede permanecer en semejante lugar, ¿verdad?

Pues, cuando la Biblia nos dice que nuestro amado Salvador vino al mundo en un pesebre, no fue en un ambiente con olor a pino o lavanda ni gardenia… literalmente, fue en un pesebre donde se recostaban animales de carne y hueso con el olor que les caracteriza.

Le plació al Rey de Reyes y Señor de Señores escoger tal entorno de miseria para enseñarnos que no hay virtud que más nos acerque a Dios y que más bendición suponga para nuestras vidas, que la HUMILDAD. “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas…” Mateo 11:29.

¡Cuánto batallamos con el orgullo y la soberbia! ¡Qué difícil se nos hace enroscarnos como el gusano cuando nuestro ego es provocado! Jesús se humilló y Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre… ¡JESUCRISTO es el Señor!

Jesús, la ofrenda de vida, lleno de gracia y verdad;
Se hizo humilde hasta la muerte… ¡Gloria al Príncipe de Paz!
Es el regalo de Dios para darnos salvación,
que busca, ya no un mesón, sino un lugar… en el corazón.


Sea la conmemoración de la verdadera Navidad la que inunde de gozo los corazones y, no la alegría temporera que resulta de los placeres que nada tienen que ver con éste tan importante evento.

El Cristo que nació en un pesebre de Belén, nace también en los corazones de aquellos que reconocen su necesidad de Dios, esa que sólo Él puede suplir. Es por eso que podemos decir que para el creyente en Jesucristo ... cada noche es Nochebuena y cada día es Navidad.

La Navidad que celebra el mundo es una mera tradición plagada de costumbres carentes de sinceridad y espiritualidad; según llega, asimismo se va. Irónicamente se ofrecen y se reciben regalos, pero se subestima y desprecia el más valioso de todos... Jesús, el Regalo de Dios al mundo.

Si deseas celebrar la Navidad fundamentado/a en una razón justa y verdadera, debes de intercambiar regalos con el Dios del cielo, antes que con ninguna otra persona... Dios te da a su Hijo, dale tú a Él, tu corazón. Y, si así lo haces, entonces sí, que podrás celebrar con gozo verdadero, una hermosa y alegre Navidad.

¿Sabes cuándo comenzó la Navidad en mí? ¿Sabes en qué momento se alumbró todo mi ser con la Luz que nunca se apaga? - Cuando Jesús hizo de mi corazón su morada permanente. El enemigo de los hijos de Dios ha intentado de mil maneras de opacar en nosotros la Luz que se adueñó de nuestro entorno, y todos los intentos han sido fallidos, abortados... fracasados. ¿Sabes por qué? -El que está en nosotros es MAYOR que el que está en el mundo. Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Esa protección, seguridad, gozo y paz en medio de cualquier corcunstancia es lo que deseamos para todos nuestros visitantes. Pedimos al Dios del cielo que, a aquellos que aún permanecen en el oscurantismo de la ignorancia, alumbre sus corazones con la Luz de la Verdad, para que empiecen a disfrutar de una verdadera, alegre y eterna Navidad.

Queremos para ti lo que estamos disfrutando nosotros... una relación personal con el Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz... la relación más hermosa de todas y la cual, es nuestra fortaleza y refugio alto en todo tiempo y en todo lugar.

Para todos:
¡Feliz Navidad,
en el amor de nuestro admirable Salvador, Cristo Jesús... Sean todos bendecidos con su Amor, su Gozo y su Paz! SHALOM!

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